Olor a campo

Olor a campo. El sol se apaga y el frío empieza a volver. Son las siete de la tarde de un domingo de mayo y el silencio es casi absoluto, salvo adentro de mi cabeza: acabo de terminar de vivir una experiencia inolvidable…

Hace apenas un ratito se fueron los últimos rezagados, esos a los que les tocó dejarlo todo para llevarse la Copa de Campeón. Algunos la llevarán a sus casas; otros las compartieron con compañeros de andanzas que llevaban camisetas con otros colores, de otros lugares de nuestra Argentina. El balance es tremendamente positivo: en todas las categorías, siempre hubo un equipo del MANUEL BELGRANO jugando los siete partidos. Orgullo puro ver el azul y rojo hasta última hora. Que buena cosecha la de Mayo de 2026.

Desde que salí de mi casa el viernes, todo fue disfrute. Fueron 531 kilómetros de ansiedad esperando llegar a Rafaela para ver y sentir que cada equipo nuestro, intentara una nueva proeza en nombre de nuestro Papifútbol. El reencuentro en el hotel con los loquitos de siempre, el almuerzo y esa espera impaciente hasta las seis o siete de la tarde para entrelazarnos en un abrazo común e intergeneracional. Hay de 6 o 7 años, adolescentes, algunos de 20 y algunos de 80… muchos de 30, 40, 50 y 60… Ciento ochenta tipos unidos por los mismos colores y la misma pasión. Parece increíble, pero sucede cada seis meses y cada vez es más fuerte. Se siente el olor a leña, y se ve un humo de esos que uno espera. Un abrazo de amor, atrás de un esperado festín. Detrás de escena, las manos expertas de ‘El Sebas’ en los fuegos, esta vez con Fernando G. y varios ayudantes más, que junto con los muchachos de la Comisión, lograron que todo saliera con una maestría de artistas.

Sábado 8:30 AM, el olor a campo y el sol asomando tras la arboleda de la pampa santafesina marcaron el inicio de la ilusión. Caminando por entre el pasto húmedo del rocío de la noche, fuimos de cancha en cancha siguiendo nuestros colores. Fútbol, fútbol, fútbol y más fútbol. Al caer la tarde, la magia: cervezas y chewisans y 180 voces —más las de nuestros hijos— gritando al unísono: “Olé olé olé, olé olé olé oláaaaa, Sooooy Manuel Belgranoooo, es un sentimiento, no puedo paraaaaaaaaaaaar…”, con una bandera de fondo, con el “NUNCA CAMINARÁS SÓLO”. El eco todavía resuena entre los árboles.

El domingo nace con incertidumbres y dolores y cansancio físico, pero con la convicción de que estos 50 años de historia obligan y son merecedores de derramar hasta la última gota de traspiración. Y así será. Y así fue… Este día domingo terminó.

Olor a campo. Ya no hay nadie a la vista y reina el silencio, pero en mi cabeza retumba la felicidad y esa satisfacción serena del deber cumplido.

Anónimo